Nos dice Jesús el día de hoy en su Evangelio. Hoy más que nunca necesitamos guardar la tranquilidad. La inseguridad y la violencia que prevalece en nuestra sociedad tienen un origen muy claro: Es el mismo estado de descomposición en el que se encuentran nuestras familias. Nos duele decirlo, pero más vale reconocerlo. Si no lo reconocemos, jamás sanaremos. La violencia en las familias y la desconfianza entre los miembros de la familia que existe en muchos hogares, las volcamos en la sociedad y, más temprano que tarde, las consecuencias no se hacen esperar.